Casi todo el mundo calcula lo que le cuesta un viaje mirando el surtidor. Pero el combustible suele ser en torno a un tercio de lo que cuesta tener coche. Aquí sumamos lo demás: seguro, impuesto, ITV, mantenimiento, neumáticos y la partida que nadie cuenta, la depreciación.
Usa tu consumo real, el que marca el ordenador de a bordo en el cómputo largo, no el homologado del folleto: la diferencia suele ser de un litro o más. Para el precio, mira el de tu gasolinera habitual en el Geoportal de Gasolineras del Ministerio, que publica los precios oficiales actualizados. Si tienes un eléctrico, pon aquí los kWh/100 km y el precio del kWh.
El impuesto de circulación lo fija cada ayuntamiento y varía muchísimo entre municipios: lo tienes en el recibo que te llega una vez al año. En mantenimiento pon lo que gastas de media entre revisiones, aceite, filtros, frenos y averías; si llevas un año tranquilo, súbelo un poco, porque los años malos también cuentan.
¿No sabes lo que vale hoy? Míralo en los anuncios de tu mismo modelo, año y kilometraje, o consulta el valor fiscal que le asigna Hacienda en el anexo IV de la Orden HAC/1501/2025, que es la tabla oficial con la que se liquidan los impuestos de compraventa.
En España la cifra de referencia son 0,26 € por kilómetro. Es lo máximo que tu empresa puede abonarte por usar tu coche particular en desplazamientos de trabajo sin que ese dinero tribute en el IRPF.
La fija la Orden HFP/792/2023, de 12 de julio, que subió el importe desde los 0,19 €/km que estuvieron vigentes durante casi veinte años. Se aplica desde el 17 de julio de 2023 y sigue vigente. Además de esos 0,26 € por kilómetro, quedan exentos los peajes y el aparcamiento que justifiques con factura.
No es un mínimo ni un máximo legal. Es una frontera fiscal, y conviene entender la diferencia: tu empresa puede pagarte lo que quiera, o incluso nada, porque eso lo fija tu convenio o tu contrato. Lo que dice la norma es que por encima de 0,26 €/km lo que te paguen cuenta como salario: tributa en el IRPF y cotiza a la Seguridad Social. Por debajo, no.
Y hay una segunda cosa que casi nadie mira: 0,26 € no es lo que te cuesta tu coche. Es una cifra única para todos los vehículos de España. Un utilitario diésel que hace 40.000 km al año sale muy por debajo; un coche grande que hace 8.000 km al año sale muy por encima, porque los gastos fijos y la depreciación se reparten entre pocos kilómetros. La calculadora de arriba te da tu cifra real, y aquí abajo puedes ver la diferencia en euros.
Si no sabes qué tarifa te aplican, mira una nómina o pregunta en administración. Muchos convenios siguen en los 0,19 € antiguos.
No hay ningún modelo escondido. El cálculo es una suma que puedes rehacer a mano.
En España la referencia son 0,26 euros por kilómetro. Esa cantidad la fija la Orden HFP/792/2023, de 12 de julio, y es el importe máximo que una empresa puede abonar a un trabajador por usar su coche particular en desplazamientos de trabajo sin que ese dinero tribute en el IRPF. Está vigente desde el 17 de julio de 2023 y sustituyó a los 0,19 euros por kilómetro que se aplicaban desde 2005. Además de esa cantidad quedan exentos los peajes y el aparcamiento que se justifiquen con factura. Lo que la empresa pague por encima de 0,26 euros por kilómetro cuenta como rendimiento del trabajo: tributa en el IRPF y cotiza a la Seguridad Social.
No. Los 0,26 euros no son un mínimo legal ni un derecho del trabajador: son una frontera fiscal. Lo que tu empresa tiene que pagarte por kilómetro lo determina tu convenio colectivo o tu contrato, y hay convenios que siguen aplicando los 0,19 euros antiguos o cantidades inferiores. Lo único que dice la norma tributaria es que hasta 0,26 euros por kilómetro ese dinero no tributa, y por encima sí. Si tu convenio no dice nada, es un asunto a negociar con la empresa, no algo que puedas exigir apoyándote en esta cifra.
Depende por completo de tu coche y de cuántos kilómetros hagas al año. Los 0,26 euros son una cifra única para todos los vehículos de España, y el coste real varía muchísimo: un utilitario diésel que recorre 40.000 kilómetros al año puede quedarse en 0,20 euros por kilómetro, mientras que un coche grande que hace 8.000 al año puede pasar de 0,45, porque el seguro, el impuesto y sobre todo la depreciación se reparten entre muy pocos kilómetros. Calcula tu cifra real en esta página y compárala con la tarifa que te aplican: si tu coste es mayor, cada kilómetro de trabajo lo estás pagando tú en parte.
La única cifra oficial que existe son los 0,26 euros por kilómetro que fija la Orden HFP/792/2023 como cuantía exenta de tributación cuando una empresa te paga por usar tu coche particular. No es una media de mercado, sino lo que la Administración considera un coste razonable, pero funciona como referencia porque está pensada precisamente para cubrir el coste real de usar el vehículo. Un turismo normal que haga entre 10.000 y 15.000 kilómetros al año suele moverse alrededor de esa cifra, y sale bastante más caro si haces pocos kilómetros, porque los costes fijos se reparten entre menos.
Porque la pagas igual, solo que de golpe y al final. El día que vendes el coche recibes bastante menos de lo que pagaste, y esa diferencia es dinero que se ha ido consumiendo kilómetro a kilómetro durante todos los años que lo has tenido. Que no aparezca en el extracto bancario cada mes no significa que no exista: es la razón por la que la gente cree que su coche viejo le sale casi gratis. Puedes desactivarla en la calculadora si lo que quieres saber es solo tu desembolso mensual, pero entonces no estás midiendo lo que cuesta el coche.
Para un turismo, el Real Decreto 920/2017 establece que está exento durante los cuatro primeros años desde la primera matriculación, después pasa inspección cada dos años hasta cumplir los diez, y a partir de los diez años la inspección es anual. La calculadora aplica ese calendario automáticamente según la edad que indiques, y reparte el coste entre los años que corresponda. El precio varía mucho por comunidad autónoma, así que conviene poner el de la tuya.
Porque el seguro, el impuesto de circulación, la ITV y buena parte de la depreciación se pagan igual tanto si haces 5.000 kilómetros al año como si haces 30.000. Al repartir esos costes fijos entre menos kilómetros, cada uno sale más caro. Es la razón por la que un segundo coche que apenas se usa suele ser malísimo negocio, y por la que a partir de cierto umbral de uso bajo compensa más alquilar, compartir o tirar de taxi que mantener un vehículo parado.
A cuentas iguales, lo justo es dividir el coste real del trayecto entre todos los ocupantes, conductor incluido. La calculadora lo hace en el simulador de trayecto: coge el coste por kilómetro completo, no solo el combustible, lo multiplica por la distancia de ida y vuelta y lo reparte. Cobrar solo la gasolina, que es lo habitual, significa que el propietario asume en solitario el desgaste, los neumáticos y la depreciación que ha generado ese viaje. Conviene añadir aparte los peajes y el aparcamiento, que son gastos directos del viaje.
Sirve, con una salvedad. En lugar del consumo en litros a los cien kilómetros pon el consumo en kilovatios hora a los cien, y en lugar del precio del litro pon el precio del kilovatio hora que pagas al cargar. La aritmética es idéntica. Lo que cambia son las otras partidas: el mantenimiento de un eléctrico suele ser bastante menor porque tiene muchas menos piezas que se desgasten, y en cambio la depreciación ha sido históricamente más acusada. Ambas cosas las introduces tú, así que el resultado sigue siendo válido.